Soy psicólogo de profesión y un buscador por naturaleza. Me encanta viajar y conocer las diferentes culturas, así como los estilos de vida de los lugares que visito. La música es otra de mis pasiones y el lenguaje que me ha dado la oportunidad de adentrarme en la vida de las personas sin importar el idioma. La espiritualidad ha sido parte esencial del camino que he recorrido en mi vida personal, la cual me llevo a transitar por la tradición maya tolteca en donde experimente la comunión e integración con la energía de la vida.

Mi nombre es Gabriel ibarra y soy mexicano, aunque… ¿soy mexicano?

Nacido en el estado de México de madre michoacana y padre guanajuatense siempre forme mi identidad con base a los referentes externos cercanos a mi persona, SOY chiva de corazón por identificación con mi padre (es su equipo de soccer favorito) y estudioso por parte de mi madre (en su momento me dio clases en la escuela y me exigía el doble de esfuerzo que al resto de sus alumnos), de mas grande busque la identificación con la cultura que según yo iba conmigo: la maya tolteca. En esta tradición la disolución del ego es una tarea obligada y muchos de los simbolismos que constituían mi personalidad se fueron abajo, sin embargo, seguía siendo MEXICANO.

¿Qué es en realidad lo que me delimita? Desde la postura psicoanalítica el “yo” es el otro, es decir nos vamos identificando con las definiciones que el otro nos devuelve (siempre y cuando tengamos los mismos códigos lingüísticos) como imagen hasta construir un imaginario de lo que creo que soy. Es evidente que la relación yo-tu está construida sobre imaginarios que van tejiéndose hasta crear una red común que moldea la identidad colectiva como una forma de integrarnos en un mismo territorio simbólico. Sin embargo, la modernidad nos ha ido planteando nuevas identidades que surgen del dialogo entre la modernidad y las tradiciones, lo individual y lo colectivo, entre otros diálogos, dando paso a identidades cada vez mas subjetivas y complejas que en ocasiones no comprendemos y por lo tanto tendemos a rechazar.

Pero y ¿qué pasa cuando nos encontramos con evidencias mas objetivas como por ejemplo la constitución de mi ADN? Sabemos que el mapa no es el territorio, por lo tanto, aquello que digo que soy construido por la interacción con el medio se pone en entredicho cuando el interlocutor es tu propio cuerpo, no existen significantes suficientes en nuestra razón para poder acomodar una identidad creada desde los signos primigenios; entonces ¿quién SOY? ¿SOY el territorio? ó ¿SOY el mapa? ó podría ser que ¿soy el cartógrafo?

Los nuevos tiempos van derrumbando las fronteras simbólicas de la identidad colectiva e individual. Actualmente fenómenos como el de la migración parece amenazar nuestros núcleos de identidad al grado de sentir rechazo por aquellos que invaden nuestro territorio físico y simbólico. Sin embargo, habría que replantearnos los puntos de encuentro con aquellos que nos traen nuevos significantes para poder comprender mejor esa pregunta de ¿quién SOY? Si dejo de lado la creencia de que SOY el territorio o SOY el mapa y nos ponemos en el papel del cartógrafo podríamos generar nuevos códigos para la interacción y el dialogo con el otro. Ser el cartógrafo nos lleva a la tarea obligada de conocer el territorio para trazar los mapas de esa territorialidad que nos constituye desde al ADN mismo.

Todos vamos navegando en la nave interestelar llamada tierra, somos compañeros del mismo barco navegando hacia la misma dirección y como veo las cosas la siguiente parada no se ve tan prometedora, es necesario reconectarnos desde lo primigenio y comprender mas a fondo los constituyentes biológicos de nuestro organismo para resignificar nuestro lugar en el mundo, no solo como individuos sino como especie. Poder abrazar ese mosaico genético que me configura me complementa y me compromete con todos los territorios de la nave tierra, no solo como representante de un espacio determinado y coartado por significantes caducos y rígidos que empobrecen nuestras conciencias y nuestras almas sino desde significantes dinámicos que se mueven junto con los tiempos de apertura necesarios para construir una humanidad diferente, creativa, incluyente y sobre todo, agradecida.

No basta ni se necesitan banderas que exaltan nacionalismos, preferencias, ideologías entre otros tantos mapas de territorios que aun sin ser explorados por el cartógrafo se enarbolan como si ese fuera el único saber que vale; se necesitan aventureros, revolucionarios, transgresores, artistas, osados, e incluso conciencias ignorantes que puedan y quieran adentrarse en los territorios inexplorados de su cuerpo-tierra e irse a encontrar de manera directa con sus significantes ancestrales hasta encontrarse divergente en la mar de las semejanzas que ahoga el verdadero sentido del SER.

Las nuevas formas de dialogo deben incluir la historia de nuestros ancestros, recuperar el linaje perdido entre las migraciones y los sedentarismos. La historia de los vencidos y los vencedores, el pasado y el presente, la modernidad y las costumbres entre otras muchas formas de disuasión de la conciencia. Necesario es ahora deshacernos de los linderos de nuestro saber acotado para abrazar lo diferente sin sentir que invadimos, sabernos herederos de esos territorios que aun siendo inexplorados por nosotros habitan en nuestro código genético y también nos pertenecen, poder abrazar sus costumbres, sus pensamientos y todas aquellas representaciones o mapas que hablan de NUESTROS territorios para poder trascender el NUESTRO como principio apropiativo y transformarlo en principio inclusivo en donde Yo soy perteneciente a ese significante y no al revés.

Hoy para mi el conocimiento de mi ancestralidad me abre un nuevo horizonte en donde las fronteras geográficas se diluyen dejando tras de si un territorio por transitar en busca de las huellas que mis antepasados dejaron para encontrarme con la historia de miles de años olvidada, caminar los pasos de mis ancestros me puede permitir reconocerme migrante en transición, indefinido ser humano que espera poder romper con el sedentarismo ideológico limitado por fronteras tangibles que se representan en mi conciencia como limites o bordes, en donde más allá de ellos se encuentra lo que se supone que no soy, sin saber que es ahí mismo en donde saber SER es parte de un sin tiempo que es posible habitar hoy mismo.

 

“Desnudo me entrego al aire para así poderme fundir con el sol

Ya me di al poder que mi destino rige

No me agarro ya de nada para así no tener nada que defender

Ya no tengo pensamientos para así poder ver

Ya no tengo temor a nada para así poder acordarme de mi

Sereno y desprendido el águila me dejara pasar a la libertad

Así sea”

Oración del guerrero