Me formé en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la segunda mitad de los 80´s. Mis principales mentores condujeron esa formación hacia el aprendizaje y dominio de oficios como el dibujo, la pintura y el grabado, lo que me hizo entender el valor de tocar, acariciar y transformar a través del cuerpo: a través del uso de las manos. En los estudios de mitógrafos como Joseph Campbell o Mircea Eliade encontré la semilla que ha derivado por más de veinte años y desde varios niveles —en el contacto con expresiones de lo sagrado en distintas tradiciones a través de expresiones milenarias como el yoga, la astrología o el Tarot. De allí mi interés por la obra de artistas que interpretan y expresan el mundo   desde una fuerte base simbólica como Joseph Beuys, Anselm Kiefer, Anish Kapoor o Marina Abramovic. Durante 25 años me he dediqué exclusivamente a la práctica pictórica de caballete, y en la última década he incursionado en una serie de prácticas colaborativas que me han llevado a escribir guiones para espectáculos escénicos, a concebir instalaciones, ambientaciones sonoras y a producir videos. Como pintor, la mímesis aristotélica en el quehacer pictórico se reduce más que a la representación de las formas, a la réplica de procesos alquímicos como la fermentación o la oxidación.   El interés por los procesos alquímicos y diversasprácticas animistas me han acercado a las plantas de tal manera, que las primeras intervenciones hechas en espacios abiertos o site specific works‐ usaron como principales ingredientes la tierra, las flores o las semillas.  Desde 2012 produzco bajo el sello de Matria Jardín Arterapéutico, distintas estrategias artísticas generando cuerpos de conocimiento en torno a la educación, el medio ambiente y la comunidad. 

He ampliado el campo de conocimiento o de acción de mis colaboradores y asesores al de agricultores, sanadores y apicultores incrementado mi interés por el valor simbólico de algunos productos de la   colmena como la miel o la cera, semillas como el cacao o las prácticas agroecológicas que tienen su origen en los pueblos originarios de Mesoamérica. De allí que sea mayor mi compromiso con temas como la biodiversidad o la importancia de las abejas y otros polinizadores para la pervivencia de la flora del planeta y la consecuente vocación por crear plataformas educativas y estrategias para la difusión de estas agendas medioambientales desde la creación artística. Todos los reconocimientos a mi trayectoria los he recibido en el ámbito artístico, con excepción del Premio al Mérito Ecológico, otorgado por la SEMARNAT en 2017. Mi proyecto más reciente consiste en la creación de complejos escultóricos de bajo impacto ambiental erigidos con tierra cruda y fibras vegetales, replicando sistemas constructivos de la arquitectura vernácula y usando subproductos de la destilación del agave.