Tengo 51 años y siempre me ha gustado conocer, aprender y entender lo que pasa en la sociedad donde vivo, eso me ha llevado a estudiar y analizar los fenómenos sociales, mis últimos estudios fueron de Posdoctorado. Soy muy afortunada porque tengo una gran familia, 4 hijos y un gran compañero, Jean. Disfruto mucho compartir con los amigos cualquier momento. Actualmente realizo un trabajo que me permite poner en práctica lo que he aprendido y me gusta la docencia por lo que doy clases
en distintas universidades, sigo siempre buscando respuestas.

Mosaico Genético: Identidad y género El dilema de la Malinche más presente que nunca

La Malinche o Malintizin, jugo un papel importante durante el periodo de la conquista, pues era más que la traductora y comunicadora, fue la consejera de Hernán Cortes, el conquistador, y su participación fue clave porque le permitió a Cortes tejer las alianzas para derrocar al gran imperio Azteca. La Malinche hablaba la lengua náhuatl y la maya porque recibió una educación que estaba reservada, en su época, a las familias con una posición privilegiada, lo que a su vez le facilitó el aprendizaje del castellano.

La colaboración de esta enigmática mujer indígena tiene un valor simbólico innegable en la formación de la actual nación mexicana, porque, además de tener un hijo con Hernán Cortés, da origen al mestizaje representando el enlace de las culturas que conforman un nuevo país. El dilema de la Malinche es ser personificada como la traidora que, seducida y/o sometida, vende a su gente al líder extranjero, haciéndola merecedora del rechazo de la sociedad de donde es originaria. Asimismo, tampoco encaja en la sociedad de españoles recién llegados, por ser considerada una india de inferior categoría. Para ser aceptada tiene que asimilarse, evangelizarse y transformarse en Doña Marina, como la bautizan los españoles.

Según Hernández A. (2oo5) ¿Cómo puede ser considerada una traidora una esclava a la que han excluido de su sociedad y que vio en los españoles la esperanza de mejorar su vida?

Lo cierto es que para ciertas feministas la Malinche representa la búsqueda de un espacio seguro en un momento de ruptura de un imperio donde las mujeres eran sometidas y sacrificadas. En este contexto, la vía es la asimilación a la nueva sociedad, lo que significo convertirse en….., transformarse en …., para integrarse a una cultura que se suponía era mejor, más evolucionada, por lo tanto superior, y así, lograr tener un lugar. No obstante, la profunda raíz ancestral no desapareció sufrió una metamorfosis, a pesar de que quedó enterrada gran parte de su riqueza cultural.

El nacimiento de esta nueva cultura tendría que haber puesto en el centro a los representantes de la misma, los mestizos, pero no fue así, durante siglos siguió siendo dominada y organizada por los criollos, que establecen estructuras y jerarquías sociales desiguales, dejando al margen a los portadores de las culturas originarias, y a la mayoría de los mestizos, en este entorno de desventaja las mujeres fueron las menos favorecidas.

Las estructuras sociales desiguales para las mujeres han sido infranqueables, muchas mujeres indígenas y mestizas quedaron solas con hijos al no ser reconocidos por sus progenitores, pues la corona española prohibía el matrimonio con las mujeres de ese origen. El rol tradicional de cuidar a la familia y ser mujeres aguantatodo, implicaba que tenían que sacrificar cualquier aspiración personal, y soportar cualquier injusticia y maltrato. –

Las empleadas domésticas, son el ejemplo más nítido de esta condición, que durante siglos sintetiza el abuso de género, laboral, social y hasta sexual de un sistema casi equiparable al de castas. Tampoco era fácil la vida de las mujeres que llegaron a fundar una nueva nación, su función era la misma cuidar a la familia, pero al menos podían aspirar a mayores beneficios y acceso a salud, educación, vida digna.

Para las mestizas, las indígenas y las afrodescendientes, al igual que la Malinche, la vía ha sido la asimilación, parecernos al estereotipo de belleza y éxito civilizatorio proveniente de afuera “Blanca, heterosexual, católica, educada, etc”, es la medida para el reconocimiento y aceptación, es “mejorar la raza”. Las historias románticas que encantan a la mayoría de la población, son las del patrón que se enamora de la sirvienta y la eleva a su nivel, le cambia la vida, la dignifica, solo así, en el imaginario colectivo se aspira a una mejor vida.

El tema no puede ser más actual cuando observamos cómo seguimos identificando como modelo de progreso y avance lo que está afuera o viene de afuera, por ejemplo de occidente (Europa occidental), de oriente (China actualmente), sin dejar de mencionar la apabullante presencia de la potencia vecina que domina nuestro escenario cotidiano y nos invita a convertimos en……., irse al norte es signo de progreso y acceso a una vida mejor.

 

Es impensable que una india o afromexicana pueda tener talento y conocimiento, su condición no tiene esas posibilidades. El ejemplo de Yalitzia, la actriz de la película Roma, sigue levantando ámpulas en la elite mexicana, en la elite actoral, no estamos acostumbrados a tratar y convivir con gente así. Solo la elite puede dedicarse al arte, y se puede cultivar y educar, para la inmensa mayoría son aspectos lejanos.

En mi experiencia, de fuertes raíces indígenas del sur (Mixteca de Tlaxiaco), con el toque mestizo por parte de mi madre, ha sido un largo proceso el reconocimiento del origen. Primero pase por un periodo de auto rechazo porque el contexto en el que vivía, tenía la mirada puesta en “evolucionar” al estilo norteamericano, american dream, colonia de clase media acomodada las personas de origen indígena eran sirvientas, mi aspecto no concordaba, no portaba el progreso en mi semblante, al contrario. Mi abuela paterna se parecía a las empleadas domésticas, lo cual generaba en mi sentimiento encontrados.

El rechazo en la escuela de gente bonita (blanca, hetero, católica, etc) empezó a mermar mi autoestima, y creer que no podía “evolucionar”. Afortunadamente el ala artista de la familia me rescato y me enseño otros mundos, un lugar donde todos podemos expresarnos, rompí las barreras mentales que tenía y descubrí que esos estereotipos no son reglas, son ideas limitadas que te impiden ver más allá.

La narrativa del pueblo mestizo, hijos de la chingada, representado en la Malinche que personifica la no identidad y el anti nacionalismo, ha sido una huella insuperable porque ha marcado la identidad mexicana, la cual, sigue en permanente transformación y búsqueda de reconocimiento, un ejemplo son las migrantes en Estados Unidos (chicanas, cholas, mexicana-americana) luchando por ser tomados en cuenta. Esto nos ha estigmatizado durante siglos, auto devaluándonos y limitándonos con un sentimiento de imposibilidad porque en lo más profundo tenemos un origen impuro

Las mujeres de los pueblos originarios, afromexicanas y de las poblaciones rurales en general representan la antítesis del progreso civilizatorio, pero en realidad, durante siglos, no tuvieron acceso a una vida digna quedando marginadas y rezagadas del desarrollo, su condición de pobreza se equiparo a su cultura o “falta de cultura”, una identidad que prácticamente era una vergüenza, relegadas a trabajos del campo, obreras, sirvientas. Las jerarquías quedaron bien delimitadas, son las víctimas de todas las capas de exclusión.

En este sentido, la nueva narrativa es el reconocimiento y la necesidad de revaluar la aportación del mosaico cultural que caracteriza México, no solo porque es un acto de justicia, además, implica el dejar de buscar culpables y modelos ajenos, empezar a ser nuestros propios modelos, tenemos infinidad de ejemplos de talentos, dedicación y esfuerzo, además, ennoblece al mestizaje y a los grupos relegados, evidentemente generando las condiciones económicas, pero principalmente sociales y mentales, hay que rescatar la identidad borrada y darle la oportunidad de expresase en un nuevo contexto.

Para mi la narrativa conlleva derribar los bloqueos mentales y las barreras sociales que encierran estereotipos ajenos, discursos extremos, sexistas, misóginos y de nacionalismo extremo. Las mujeres de todas partes han alzado la voz, cada vez se escucha más fuerte, y su participación en la construcción de nuevos entendimientos es indispensable. En este camino todas somos iguales, no hay razas, no hay inferiores, no hay superiores solo hay humanas.

Para concluir debo decir que mi participación en el proyecto de Mosaico genético me permitió reconciliarme con los motivos de la Malinche, con mi doble origen y entenderlo como una capacidad para navegar y comunicarme desde una perspectiva que busca valorizar y visibilizar el mestizaje como una virtud que hay que rescatar.

 

Bibliografía:

Braham, P. (2006). El feliz cautiverio de Gonzalo Guerrero. Hispanic Review, 74(1), 1-17.

Candelaria, C. (1980). La Malinche, feminist prototype. Frontiers: A Journal of Women Studies, 1-6.

Hernández, C. G. (2005). Doña Marina (La Malinche) y la formación de la identidad mexicana. TIEMPOS MODERNOS, 12, 2.

Tyutina, S. V. (2009). La reivindicación de La Malinche y el concepto de la nueva mestiza en la obra de Lucha Corpi. The Latin Americanist, 53(1), 65-74.